Ruta de las Mil Kasbahs​

 

Marruecos es tierra de contrastes, y pocas rutas lo muestran tan bien como la Ruta de las Mil Kasbahs. Este recorrido entre Ouarzazate y Merzouga atraviesa valles, gargantas y desiertos, con fortalezas de adobe, palmerales y pueblos bereberes que conservan la esencia del sur.
Las kasbahs, antiguas residencias defensivas de barro, son hoy símbolo vivo de la cultura local y de su adaptación al entorno.
Más que un itinerario turístico, esta guía te ayuda a planificar la Ruta de las Mil Kasbahs por libre: etapas, consejos y mapa para disfrutar con calma de un Marruecos auténtico.

Cómo llegar y punto de inicio de la Ruta de las Mil Kasbahs

La Ruta de las Mil Kasbahs puede empezar tanto en Marrakech como en Ouarzazate, y elegir un punto u otro dependerá sobre todo del tiempo que tengas y de cómo quieras organizar el viaje.

En nuestro caso, volamos directamente desde Barcelona a Ouarzazate, una opción muy cómoda si quieres ahorrar horas de carretera y empezar la ruta ya en pleno sur de Marruecos. Para nosotros fue una forma muy práctica de meternos de lleno en el viaje desde el primer día, rodeados ya de kasbahs, valles y oasis.

La otra opción más habitual es comenzar en Marrakech. En ese caso, el primer gran tramo del viaje consiste en cruzar el Alto Atlas por el puerto de Tizi n’Tichka, una carretera muy conocida por sus curvas, sus paisajes de montaña y los miradores que van apareciendo por el camino.

Para llegar desde Marrakech hay que tomar la N9 en dirección a Ouarzazate. Son unos 200 km, pero no conviene guiarse solo por la distancia: entre curvas, tráfico, camiones, paradas y posibles obras, el trayecto suele llevar entre 4 y 5 horas, y a veces incluso más.

De hecho, nosotros lo vivimos así. Cuando cruzamos este tramo había obras en varios puntos y la circulación era bastante más lenta de lo normal, así que el tiempo real se alargó alrededor de una hora más de lo previsto. Por eso, si vas a empezar la ruta desde Marrakech, nuestra recomendación es que te tomes este primer día con margen y sin intentar abarcar demasiado.

Si tienes pocos días, empezar en Ouarzazate nos parece la opción más cómoda. Si dispones de más tiempo, hacerlo desde Marrakech también puede tener mucho sentido para combinar la ruta con unos días en la ciudad y disfrutar de dos ambientes muy distintos en un mismo viaje.

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Qué ver en la Ruta de las Mil Kasbahs: paradas imprescindibles

Foto de la extension del palmeral de torda en Marruecos

La Ruta de las Mil Kasbahs atraviesa algunos de los paisajes más especiales del sur de Marruecos. A lo largo del camino irás pasando por ksars de adobe, palmerales, valles, gargantas y, si alargas la ruta, también por las dunas del desierto. Estas son, para nosotros, las paradas más destacadas:

Aït Ben Haddou, la joya del Atlas

El ksar de Aït Ben Haddou es uno de los lugares más emblemáticos de Marruecos y una de las kasbahs más famosas del país. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su silueta de adobe ha aparecido en películas y series como Gladiator o Juego de Tronos.

Más allá de lo conocido que es, lo que impresiona de verdad es verlo en persona, subir poco a poco entre sus callejuelas de tierra y contemplar desde arriba todo el valle. Si haces esta ruta, es una parada imprescindible.

Skoura y sus palmerales

A pocos kilómetros de Ouarzazate se encuentra Skoura, un gran palmeral salpicado de kasbahs históricas y pequeños caminos entre vegetación y adobe. La más conocida es la Kasbah Amridil, una de las mejor conservadas de Marruecos y uno de los grandes símbolos de la arquitectura bereber.

Es una parada mucho más tranquila que otras de la ruta, y precisamente por eso tiene tanto encanto. Si te apetece bajar un poco el ritmo, aquí puedes disfrutar de una parte más serena y auténtica del viaje.

Valle de las Rosas

El Valle de las Rosas cambia mucho según la época del año, pero en primavera se convierte en uno de los rincones más especiales de la ruta. Entre abril y mayo, la floración de los rosales de Damasco llena la zona de color y de aroma, y muchas cooperativas locales elaboran allí agua de rosas y otros productos tradicionales.

Si viajas en mayo, además, puedes coincidir con el Festival de las Rosas, una de esas experiencias que le dan al viaje un matiz mucho más local y cultural.

Valle del Dadès

El Valle del Dadès es uno de los tramos más espectaculares de toda la ruta. Aquí el paisaje se vuelve más abrupto y aparecen algunas de las carreteras más conocidas del sur de Marruecos, con curvas imposibles, miradores y formaciones rocosas que hacen que apetezca parar una y otra vez.

Una de las imágenes más famosas es la de la carretera serpenteante del valle, pero merece la pena dedicarle algo más de tiempo y disfrutar también de sus gargantas, pequeños desvíos y miradores naturales.

Gargantas del Todra

Más al este, las Gargantas del Todra impresionan por la altura de sus paredes, que en algunos puntos alcanzan hasta 300 metros. Es uno de esos lugares donde el paisaje cambia de golpe y te hace sentir muy pequeño.

Nos parece una parada muy agradecida porque no hace falta complicarse demasiado para disfrutarla: con un paseo por el cañón ya puedes hacerte una idea de la fuerza del lugar. Si además te gusta caminar o escalar, aquí todavía le sacarás más partido.

Desierto de Merzouga

Aunque Merzouga no forma parte estricta de la Ruta de las Mil Kasbahs, para nosotros es uno de esos desvíos que merecen totalmente la pena. Llegar hasta las dunas de Erg Chebbi cambia por completo el viaje y añade esa parte más abierta, silenciosa y especial que mucha gente busca al viajar por Marruecos.

Pasar una noche en una jaima bereber, ver el atardecer sobre las dunas o despertarte en pleno desierto son de esas experiencias que se quedan grabadas mucho tiempo después del viaje.

¿Hacer la ruta por libre o con excursión?

La Ruta de las Mil Kasbahs se puede hacer de varias formas, pero para nosotros hay una que destaca claramente sobre las demás: hacerla por libre en coche.

Es una ruta pensada para disfrutar del camino, no solo de los puntos marcados en el mapa. Y ahí está precisamente su encanto. Poder parar en un mirador que no tenías previsto, alargar una comida con vistas, desviarte hacia un valle o cambiar el ritmo sobre la marcha forma parte de la experiencia.

Hacer la ruta por libre

Si te gusta viajar a tu aire, esta es la opción que más sentido tiene.

  • Te da libertad para adaptar cada etapa a los días que tengas
  • Puedes parar donde realmente te apetezca, sin prisas ni horarios cerrados
  • Te permite disfrutar mucho más de paisajes, pueblos y pequeños desvíos
  • Es, para nosotros, la forma más especial de vivir esta ruta
Ver coches para la ruta

Hacer una excursión o actividad organizada

También puede ser una buena alternativa en algunos casos, sobre todo si no quieres conducir por Marruecos o si prefieres añadir solo una experiencia puntual, como una noche en el desierto o una excursión organizada.

  • Es una opción más cómoda si no te apetece organizarlo todo
  • Puede encajar bien si tienes pocos días
  • Puede servir como complemento si no vas a hacer toda la ruta por libre

Si nos preguntas a nosotros, elegiríamos hacerla por libre. No solo por comodidad, sino porque en una ruta como esta lo mejor muchas veces no está en el destino final, sino en todo lo que vas encontrando por el camino.

Nuestra Ruta de las Mil Kasbahs en 6 días

Esta es la ruta que hicimos nosotros y la que te proponemos si tienes una semana:

Día 1 – Ouarzazate → camino hacia Dadès
Llegada a Ouarzazate, recogida del coche de alquiler y primeras visitas en la ciudad antes de empezar la ruta. Después, pusimos rumbo hacia el valle del Dadès.

Alojamiento: Kasbah Ait BenHadda

Día 2 – Valle del Dadès → Gargantas del Todra → Merzouga
Uno de los días más completos de la ruta, con parada en los dedos de mono, subida por la carretera en zigzag del Dadès y visita a las Gargantas del Todra antes de llegar al desierto.

Alojamiento: Erg Chebbi Dunes Desert Camp

Día 3 – Merzouga
Día dedicado al desierto de Erg Chebbi, con excursión en 4×4, visita a Khamlia, minas de Mifis, oasis de Hassilabied y segundo atardecer entre dunas.

Alojamiento: Erg Chebbi Dunes Desert Camp

Día 4 – Merzouga → Nkob → Zagora
Salida del desierto y ruta por paisajes cada vez más áridos en dirección a Zagora, con posibles paradas en pueblos como Tazzarine o Nkob.

Alojamiento: Paradis Touareg

Día 5 – Zagora → Tizi n’Tinififft → Aït Ben Haddou → Atlas
Regreso hacia la zona de Ouarzazate cruzando el puerto de Tizi n’Tinififft y parada en Aït Ben Haddou, uno de los grandes imprescindibles de la ruta.

Alojamiento: Maison d’Hôtes Irocha

Día 6 – Regreso a Ouarzazate
Último trayecto de vuelta a Ouarzazate para cerrar la ruta y poner fin al viaje.

🗺️ Mapa de la Ruta de las Mil Kasbahs

Os dejamos el mapa de nuesra ruta de las Mil kasbahs, con todas las paradas imprescindibles, gasolineras y ATMs para que podáis organizaros la vuestra.

Itinerario de la Ruta de las Mil Kasbahs

Viajamos a Marruecos a principios de junio, una época de temporada baja en la que el calor ya empieza a apretar, sobre todo en las zonas más cercanas al desierto, pero en la que todavía hay pocos turistas. Aun así, nos pareció un momento muy especial para hacer esta ruta: los paisajes estaban preciosos, el ambiente era tranquilo y pudimos disfrutar del viaje con bastante calma.

Día 1: Llegada a Ouarzazate y primera toma de contacto

Nuestro viaje comenzó en Ouarzazate, conocida como la puerta del desierto. Recogimos el coche de alquiler en el aeropuerto y, nada más salir, tuvimos esa primera sensación de estar ya en el sur de Marruecos: calles polvorientas, construcciones de adobe en tonos rojizos, palmeras, calor seco y ese ambiente pausado que te acompaña desde el primer momento.

Aprovechamos el día para descubrir algunos de los lugares más conocidos de la ciudad. Uno de los que más nos gustó fue la Kasbah de Taourirt, una fortaleza de adobe que por fuera ya impresiona muchísimo, pero que por dentro todavía sorprende más. Recorrer sus pasillos, patios y escaleras es una forma muy bonita de empezar a entender la arquitectura y la historia de esta zona de Marruecos.

También visitamos los Atlas Studios, una de las paradas más curiosas de Ouarzazate. Más allá de que te guste más o menos el cine, merece la pena ver cómo en medio de este paisaje tan árido aparecen decorados de películas y series tan conocidas como Gladiator, La Momia o Juego de Tronos. Es una visita entretenida, diferente y bastante amena.

Foto en el trono de cleopatra, la pelicula, en los Atlas Studios en Ouarzazate en Marruecos

Otra opción interesante es el Museo del Cine, aunque en nuestro caso no nos dio tiempo a incluirlo porque preferimos centrarnos en los estudios y seguir avanzando en la ruta.

Después de este primer contacto con Ouarzazate, empezamos a adentrarnos en el interior. Poco a poco, el paisaje fue cambiando y dejamos atrás la ciudad para ir entrando en un entorno cada vez más tranquilo, entre valles, palmerales y pueblos de adobe.

Esa noche dormimos en Kasbah Ait BenHadda de camino hacia las Gargantas del Dadès, y fue una de esas primeras noches que ya te meten de lleno en el viaje: silencio, cielo estrellado y la sensación de que lo mejor todavía estaba por venir.

Día 2: Gargantas del Dadès, Todra y llegada al desierto

El día empezó con uno de esos desayunos marroquíes que se disfrutan sin prisa: panes recién hechos, miel, mermeladas caseras y ese ritmo tranquilo que invita a empezar la ruta con calma. Después de desayunar, pusimos rumbo al Valle del Dadès.

Antes de llegar a la garganta, hicimos una parada en uno de los paisajes más curiosos de la zona: las formaciones rocosas conocidas como los dedos de mono. Son enormes rocas redondeadas, alineadas unas junto a otras, que llaman muchísimo la atención nada más verlas. Es una de esas paradas breves que merecen la pena, aunque solo sea para bajar del coche, hacer unas fotos y contemplar el paisaje.

Seguimos avanzando entre montañas y pequeños pueblos bereberes hasta adentrarnos en las Gargantas del Dadès. A medida que la carretera va ganando altura, el paisaje se vuelve cada vez más espectacular, hasta llegar a la famosa carretera en zigzag, una de las imágenes más icónicas de esta ruta. Nosotros subimos hasta el mirador de Tisdrine, y la parada allí nos pareció completamente imprescindible.

Después continuamos hacia las Gargantas del Todra, otro de los grandes momentos del día. El cambio de escenario vuelve a sorprender: un cañón estrecho, con paredes que se elevan hasta 300 metros, donde la roca, la luz y el agua crean un ambiente muy especial. Aunque es una zona bastante visitada, sigue teniendo algo impresionante. Nosotros aprovechamos que íbamos en coche para seguir un poco más allá de la parte más concurrida y disfrutar del entorno con más tranquilidad.

Más tarde hicimos una parada en el Palmeral de Todra, un oasis que contrasta por completo con el paisaje árido de los kilómetros anteriores. Después de tanta roca y tonos rojizos, encontrarte de repente con palmeras, huertos y pequeños pueblos bereberes cambia por completo la sensación del viaje. Es uno de esos lugares donde entiendes hasta qué punto el agua lo transforma todo.

Desde allí seguimos rumbo a Merzouga, y a medida que avanzábamos el paisaje se iba volviendo cada vez más abierto y más desértico. Llegamos al punto de encuentro en el pueblo, donde nos esperaba el 4×4 que nos llevaría hasta el campamento. Ese último tramo ya se vive casi como parte de la experiencia: cuanto más te adentras en las dunas, más sensación tienes de estar entrando en otro mundo.

Aquella noche dormimos en una jaima bereber en pleno desierto, y fue uno de los momentos más especiales de todo el viaje. Cenamos un tajín de cordero, compartimos la noche junto al fuego con música de tambores y canciones bereberes, y terminamos mirando al cielo completamente en silencio. Pudimos ver incluso la Vía Láctea, y fue de esas escenas que se te quedan grabadas mucho tiempo después de volver.

Foto de la carretera carretera serpenteante en el Valle de Dades en Marruecos
Foto de la impresionante garganta del torda en Marruecos
Foto de las rocas llamadas Monkey fingers en el Valle de Dades

Día 3: Vida bereber y dunas de Merzouga

Pasar el día en el desierto en junio no es ninguna broma. Las temperaturas eran muy altas y, a pleno sol, llegamos a rozar los 40 grados, así que quedarnos en el campamento durante las horas centrales del día no era una opción. Por eso decidimos hacer una excursión en 4×4 por el desierto de Erg Chebbi, una de las experiencias que más recordamos de todo el viaje.

La primera parada fue Khamlia, un pequeño pueblo situado a las puertas del desierto, conocido sobre todo por su música gnawa, una tradición con raíces africanas muy presentes en esta zona. Allí nos recibieron con té y nos enseñaron parte de su cultura a través de la música, la danza y la percusión.

Aunque nos pareció interesante, también es verdad que fue una de esas experiencias que nos dejaron sensaciones encontradas. La música y los instrumentos son auténticos, pero todo estaba bastante orientado al turismo, así que no terminamos de conectar del todo con el momento.

Después seguimos hacia las antiguas minas de Mifis, un lugar con un paisaje muy árido y una historia curiosa. Durante la época colonial fueron explotadas por los franceses para extraer plomo, y hoy todavía queda una sensación de abandono que contrasta mucho con la inmensidad del entorno.

A partir de ahí empezó una de las partes más divertidas del día. El conductor dejó atrás las pistas más marcadas, bajó la presión de las ruedas del 4×4 y se adentró en las dunas. En ese momento supimos que venía lo bueno. Recorrer el desierto así, subiendo y bajando entre montañas de arena, fue una experiencia increíble y una forma muy distinta de sentir Erg Chebbi.

Durante la excursión también pasamos por el oasis de Hassilabied, uno de esos rincones que sorprenden todavía más cuando vienes de ver solo arena y paisaje seco. Además, tuvimos la oportunidad de compartir un rato con familias nómadas, que nos enseñaron un poco de su día a día y de esa manera de vivir tan ligada al desierto.

A la hora de comer volvimos a la zona de Merzouga, donde pasamos las horas más calurosas del día en un hotel con piscina. Fue casi una necesidad más que un capricho, porque a esas horas el calor en las jaimas y en el propio desierto era demasiado intenso. Descansar, refrescarnos y bajar el ritmo en ese momento nos vino genial antes de volver al campamento por la tarde.

Ya al final del día, regresamos a las dunas para disfrutar del momento más mágico: el atardecer. Tuvimos tiempo de caminar por la arena, deslizarnos por algunas dunas, subir a los puntos más altos y ver cómo el sol iba cayendo poco a poco hasta dejar paso a un cielo completamente estrellado.

Fue uno de esos días que mezclan aventura, incomodidad, belleza y calma, y precisamente por eso se quedan tan grabados.

Foto de las dunas infinitas del desierto de erg Chebbi en Marruecos
Musica tradicional campamento Erg Chebbi
Ruta por el desierto de Erg Chebbi en 4x4, Marruecos

Día 4: Camino a Zagora

Después de dos noches en el desierto de Merzouga, dejamos atrás las dunas de Erg Chebbi y pusimos rumbo a Zagora. Sobre el papel era una etapa larga, con unos 275 km, pero fue uno de esos días en los que el paisaje hace que el camino se disfrute mucho más de lo que parece.

A medida que avanzábamos, el entorno iba cambiando poco a poco. Dejábamos atrás las grandes dunas para entrar en una parte del sur de Marruecos más árida, más abierta y con una belleza distinta, quizá menos impactante a primera vista, pero igual de especial.

Por el camino puedes hacer alguna parada en pueblos como Tazzarine o Nkob, dos lugares que conservan muy bien ese aire tranquilo y auténtico del sur marroquí. Nkob, en particular, nos pareció una parada muy interesante por sus numerosas kasbahs, sus palmeras y esa sensación de estar en un lugar donde el tiempo pasa de otra manera.

La llegada a Zagora también tiene algo distinto. Después de varios días atravesando gargantas, oasis y dunas, volver a una ciudad con más movimiento, mercados y vida local se siente casi como un pequeño reencuentro con el ritmo cotidiano. Aun así, el paisaje sigue teniendo una fuerza enorme: aquí el desierto ya no es de grandes dunas, sino más pedregoso, seco y abierto, pero sigue transmitiendo esa misma sensación de inmensidad tan propia del sur de Marruecos.

Fue un día más de carretera que de grandes visitas, sí, pero también uno de esos días que ayudan a entender mejor la variedad de paisajes que forman esta ruta. Esa noche dormimos en el Paradis Tuareg.

Carretera a Zagora con paisajes áridos de Marruecos
Carretera por el árido desierto de Marruecos dirección Zagora
Carretera por el desierto árido de Marruecos dirección Zagora

Día 5: Tizi n’Tinififft, Aït Ben Haddou y regreso al Atlas

Desde Zagora emprendimos el camino de regreso hacia Ouarzazate, y una de las partes más bonitas del trayecto fue cruzar el puerto de Tizi n’Tinififft, situado a 1.660 metros de altitud. Es un paso de montaña mucho menos conocido que el Tizi n’Tichka, pero a nosotros nos sorprendió muchísimo por el paisaje que lo rodea.

Aquí el entorno cambia por completo: las montañas se vuelven más áridas, más rocosas y con formas que por momentos parecen casi de otro planeta. La carretera va avanzando entre curvas y pequeños miradores naturales donde merece la pena parar unos minutos para contemplar el paisaje con calma.

El nombre Tinififft significa en bereber “paso estrecho”, y la verdad es que encaja muy bien con la sensación que transmite este tramo: un camino angosto y solitario que conecta el valle del Drâa con la región de Ouarzazate.

De camino de vuelta hicimos también una parada imprescindible en Aït Ben Haddou, uno de los lugares más emblemáticos de todo Marruecos. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este ksar de adobe es uno de esos sitios que impresionan incluso antes de entrar.

Recorrer sus callejuelas estrechas, subir entre sus construcciones de barro rojizo y ver cómo se abre el paisaje desde lo alto fue una de las visitas que más disfrutamos de toda la ruta. A pesar de ser un lugar muy conocido, sigue conservando una atmósfera muy especial, sobre todo cuando te alejas un poco de la entrada y empiezas a recorrerlo con más calma.

Además de su valor histórico y cultural, Aït Ben Haddou ha aparecido en películas y series como Gladiator, Lawrence de Arabia, La Momia o Juego de Tronos, así que es muy posible que al llegar te resulte familiar incluso antes de haber estado allí.

Después de la visita, decidimos dormir a los pies del Atlas, en el Maison d’Hôtes Irocha. Después de varios días de calor intenso en el desierto, notar el frescor de la tarde y pasar allí la noche fue una de esas pequeñas recompensas que se agradecen muchísimo al final del viaje.

Foto de Tizi n'Tinififft en Marruecos
kasar ait ben haddou somtravelers

Día 6: Regreso hacia Ouarzazate y fin de la ruta

El último día lo dedicamos a cruzar el Alto Atlas por el puerto de Tizi n’Tichka. Este puerto es la carretera más famosa del Alto Atlas, y uno de los pasos de montaña más espectaculares de Marruecos. Conecta Marrakech con Ouarzazate a través de la carretera N9, ascendiendo hasta los 2.205 metros de altitud, lo que lo convierte en uno de los puertos más altos del norte de África. Aunque el trayecto suele durar unas 4 a 5 horas, en nuestro caso se alargó debido a obras en la carretera y tráfico intenso.

Finalmente regresamos a Ouarzazate, cerrando una ruta que nos llevó por kasbahs, gargantas, oasis y desiertos, descubriendo la verdadera esencia del sur de Marruecos.

Nosotros siempre recomendamos viajar con seguro, especialmente en rutas como esta, donde te mueves entre carretera, montaña y desierto.

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Consejos para planificar tu ruta

Si estás organizando la Ruta de las Mil Kasbahs, aquí tienes un resumen rápido con lo más importante. Y si quieres profundizar, te dejamos también nuestras guías para planificar el viaje y para conducir por Marruecos con más tranquilidad.

  • Duración y ritmo: te recomendamos al menos 6 días, aunque con 7 u 8 días la ruta se disfruta mucho más y puedes añadir Marrakech sin ir con prisas.
  • Mejor época: primavera (marzo a mayo) y otoño (septiembre a noviembre). En verano el calor puede ser muy intenso, y en invierno las noches son frías, sobre todo en zonas altas y en el desierto.
  • Etapas clave: Ouarzazate, valle del Dadès, garganta del Todra, Merzouga, Zagora, Aït Ben Haddou y el paso por el Alto Atlas suelen ser algunas de las paradas más representativas.
  • Alquilar coche: para nosotros es la mejor forma de hacer esta ruta, porque te permite parar donde quieras y recorrer valles, miradores y kasbahs con mucha más libertad.
  • Conducción y controles: conviene respetar siempre los límites de velocidad y evitar conducir de noche. Aquí te contamos más sobre cómo conducir por Marruecos.
  • Gasolina y efectivo: no apures demasiado el depósito y lleva siempre algo de efectivo, porque no en todos los sitios podrás pagar con tarjeta.
Consejo SomTravelers: si quieres disfrutar de la ruta de verdad, intenta no cargar demasiado cada día. En Marruecos, muchas veces lo mejor del viaje aparece justo entre una parada y otra.

Preguntas frecuentes: Ruta de las Mil Kasbahs

¿Dónde empieza la Ruta de las Mil Kasbahs: Marrakech u Ouarzazate?

Nosotros recomendamos empezar en Ouarzazate si tienes pocos días, porque te ahorras muchas horas de carretera y puedes meterte de lleno en la ruta desde el principio.

Si dispones de más tiempo, empezar en Marrakech también puede tener mucho sentido, ya que cruzas el Tizi n’Tichka, haces parada en Aït Ben Haddou y añades un contraste muy bonito entre la ciudad y el sur de Marruecos.

¿Cuántos días necesito para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs?

Con 4 días se puede hacer, pero irás bastante justo y muchas paradas serán rápidas.

Para nosotros, lo ideal son 6 días, porque te permite disfrutar del recorrido con más calma y encajar bien lugares como Dadès, Todra, Merzouga, Zagora y Aït Ben Haddou.

Si tienes más tiempo, puedes añadir Marrakech o el Valle de las Rosas.

¿Cuál es la mejor época para recorrerla?

La mejor época para hacer la ruta es primavera (marzo a mayo) y otoño (septiembre a noviembre), cuando las temperaturas son más agradables.

Nosotros fuimos a principios de junio y al mediodía el calor ya era muy intenso, sobre todo en el desierto, donde llegamos a rozar los 40 grados.

En invierno se puede hacer también, pero las noches son frías, especialmente en zonas altas y en Merzouga.

¿Hace falta 4×4 o se puede hacer con coche normal?

La ruta principal se puede hacer perfectamente con coche normal, ya que las carreteras más importantes están asfaltadas.

El 4×4 solo lo vemos necesario para pistas secundarias o para las excursiones dentro del desierto. En el caso de las jaimas de Merzouga, lo habitual es que el campamento incluya el traslado en 4×4 desde el punto de encuentro.

¿Qué ver en la Ruta de las Mil Kasbahs?

Entre los imprescindibles para nosotros están Aït Ben Haddou, Kasbah Taourirt, Skoura, el Valle del Dadès, las Gargantas del Todra y, si puedes alargar la ruta, Merzouga.

Uno de los grandes atractivos de este viaje es precisamente la variedad de paisajes: kasbahs de adobe, palmerales, gargantas, puertos de montaña y desierto en una misma ruta.

¿Incluyo el desierto de Merzouga o mejor Zagora?

Si tienes tiempo, nosotros incluiríamos Merzouga, porque las dunas de Erg Chebbi ofrecen una experiencia mucho más espectacular y completa.

Zagora puede ser una buena alternativa si quieres acortar trayectos o no dispones de tantos días, pero si buscas la experiencia clásica de dormir entre dunas, ver el atardecer y pasar una noche en jaima, Merzouga merece mucho más la pena.

¿Es seguro conducir por la Ruta de las Mil Kasbahs?

Sí, nos parece una ruta segura para hacer por libre, siempre que conduzcas con prudencia.

Nuestra recomendación es evitar conducir de noche, respetar los límites de velocidad y llevar siempre a mano la documentación del coche y del alquiler.

También es buena idea no apurar demasiado el depósito y aprovechar para repostar cuando pases por localidades más grandes.

¿Dónde dormir: riads en los valles o jaimas en el desierto?

Para nosotros, la mejor combinación es mezclar ambas cosas: riads en las zonas de valle o montaña y al menos una noche en jaima en Merzouga.

Si puedes, incluso te recomendaríamos hacer dos noches en el desierto, porque así se disfruta mucho más la experiencia sin ir con tanta prisa.

Actividades recomendadas en Marruecos

Si te apetece completar el viaje con alguna experiencia organizada, aquí te dejamos algunas opciones interesantes para el desierto.

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Conclusión

Recorrer la Ruta de las Mil Kasbahs es adentrarse en uno de los paisajes más sorprendentes del sur de Marruecos. A lo largo del camino irás pasando por gargantas, kasbahs de adobe, oasis, puertos de montaña y pueblos donde la vida parece avanzar a otro ritmo.

En solo 6 días ya puedes disfrutar de una ruta muy completa, combinando algunos de los grandes imprescindibles de la zona, como Dadès, Todra, Merzouga, Zagora o Aït Ben Haddou. Y si además dispones de más tiempo, siempre puedes alargar el viaje con paradas como Marrakech o el Valle de las Rosas.

Si nos preguntas a nosotros, la mejor forma de vivir esta ruta es hacerla por libre en coche. No solo por comodidad, sino porque gran parte de su encanto está precisamente en el camino: en parar donde no lo habías previsto, en cambiar el ritmo sobre la marcha y en disfrutar de todos esos paisajes que van apareciendo entre una etapa y otra.

Para nosotros, fue uno de esos viajes que se recuerdan no solo por lo que ves, sino por cómo lo vives. Y eso, en una ruta como esta, es lo que realmente marca la diferencia.

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