Ruta de las Mil Kasbahs​

Actualizado · junio de 2026

La Ruta de las Mil Kasbahs es uno de los recorridos más bonitos del sur de Marruecos. Entre Ouarzazate y Merzouga, la carretera atraviesa valles, gargantas, oasis, palmerales y pueblos de adobe donde todavía se conserva esa arquitectura de tierra tan característica de esta zona del país.

A lo largo del viaje aparecen antiguas kasbahs, fortalezas y residencias tradicionales construidas en barro que durante siglos formaron parte de la vida en los valles presaharianos. Algunas están restauradas y otras se mantienen en pie como pueden, pero todas ayudan a entender la historia, el paisaje y la forma de vivir en esta parte de Marruecos.

En esta guía te contamos cómo organizar la Ruta de las Mil Kasbahs por libre, qué etapas hacer, qué lugares ver, cuántos días dedicarle, dónde dormir y qué consejos tener en cuenta para disfrutar del viaje con calma, sin convertirlo solo en una sucesión de paradas.

Resumen rápido Ruta de las Mil Kasbahs en datos
  • Duración recomendada 6 días mínimo
  • Inicio ideal Ouarzazate
  • Final Ouarzazate o Marrakech
  • Mejor forma de hacerla Coche de alquiler
  • Mejor época Primavera y otoño
  • Imprescindibles Dadès, Todra, Merzouga, Zagora y Aït Ben Haddou

Cómo llegar y dónde empezar la Ruta de las Mil Kasbahs

La Ruta de las Mil Kasbahs puede empezar tanto en Marrakech como en Ouarzazate, y elegir un punto u otro dependerá sobre todo de los días que tengas, de los vuelos que encuentres y de si quieres hacer la ruta con más calma o añadir también unos días en Marrakech.

En nuestro caso, volamos directamente desde Barcelona a Ouarzazate, una opción muy cómoda si quieres ahorrar horas de carretera y empezar la ruta ya en pleno sur de Marruecos. Para nosotros fue la forma más práctica de meternos de lleno en el viaje desde el primer día, rodeados de kasbahs, valles, oasis y paisajes de adobe.

Si tienes pocos días y quieres centrarte en la Ruta de las Mil Kasbahs por libre, empezar en Ouarzazate nos parece la mejor opción. La ciudad está mucho más cerca de lugares como Aït Ben Haddou, Skoura, el Valle del Dadès o las Gargantas del Todra, así que puedes aprovechar mejor el tiempo sin dedicar tantas horas al primer desplazamiento.

La otra opción habitual es comenzar en Marrakech. En ese caso, el primer gran tramo del viaje consiste en cruzar el Alto Atlas por el puerto de Tizi n’Tichka, una carretera muy conocida por sus curvas, sus paisajes de montaña y los miradores que van apareciendo por el camino.

Para llegar desde Marrakech hay que tomar la N9 en dirección a Ouarzazate. Son unos 200 km, pero no conviene guiarse solo por la distancia: entre curvas, tráfico, camiones, paradas y posibles obras, el trayecto suele llevar entre 4 y 5 horas, y a veces incluso más.

De hecho, nosotros lo vivimos así. Cuando cruzamos este tramo había obras en varios puntos y la circulación era bastante más lenta de lo normal, así que el tiempo real se alargó alrededor de una hora más de lo previsto. Por eso, si vas a empezar la ruta desde Marrakech, nuestra recomendación es que te tomes ese primer día con margen y sin intentar abarcar demasiado.

En resumen: si quieres una ruta más directa y tienes los días justos, empezar en Ouarzazate es lo más cómodo. Si tienes más tiempo, empezar en Marrakech también puede tener mucho sentido, porque te permite combinar el ambiente de la ciudad con los paisajes del sur de Marruecos.

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Qué ver en la Ruta de las Mil Kasbahs: paradas imprescindibles

La Ruta de las Mil Kasbahs atraviesa algunos de los paisajes más especiales del sur de Marruecos. A lo largo del camino irás encontrando ksars de adobe, antiguas kasbahs, palmerales, valles, gargantas y, si alargas el viaje hacia el este, también las dunas del desierto.

Aunque hay muchas paradas posibles, estas son las que para nosotros más merecen la pena si quieres hacer una ruta completa entre Ouarzazate y Merzouga, combinando lugares históricos, paisajes naturales y algunos de los rincones más bonitos del sur marroquí.

Ksar de Aït Ben Haddou, una de las paradas imprescindibles de la Ruta de las Mil Kasbahs en Marruecos

Aït Ben Haddou, la joya de adobe del Atlas

El ksar de Aït Ben Haddou es uno de los lugares más emblemáticos de Marruecos y una de las paradas imprescindibles en la Ruta de las Mil Kasbahs. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su silueta de adobe ha aparecido en películas y series como Gladiator o Juego de Tronos. Más allá de lo conocido que es, lo que de verdad impresiona es verlo en persona: cruzar el río, subir poco a poco por sus callejuelas de tierra y contemplar desde la parte alta el paisaje del valle. Es un lugar turístico, sí, pero sigue teniendo una fuerza visual enorme y merece mucho la parada.

Skoura y sus palmerales

A pocos kilómetros de Ouarzazate se encuentra Skoura, un gran palmeral salpicado de kasbahs históricas, huertos, caminos de tierra y pequeñas construcciones de adobe. La más conocida es la Kasbah Amridil, una de las mejor conservadas de Marruecos y uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional del sur de Marruecos. Skoura tiene un ritmo mucho más tranquilo que otras paradas de la ruta, y precisamente ahí está parte de su encanto. Si te apetece bajar un poco la intensidad del viaje, pasear entre palmeras y ver una kasbah con más calma, este es uno de los lugares más agradables del recorrido.

Valle de las Rosas

El Valle de las Rosas cambia mucho según la época del año, pero en primavera se convierte en uno de los rincones más especiales de la Ruta de las Mil Kasbahs. Entre abril y mayo, la floración de los rosales de Damasco llena la zona de color y muchas cooperativas locales elaboran agua de rosas, aceites y otros productos tradicionales. Si viajas en mayo, además, puedes coincidir con el Festival de las Rosas, una celebración local que añade al viaje un matiz más cultural. Fuera de la floración, el valle es menos llamativo, pero sigue siendo una parada interesante si quieres entender mejor la vida en esta zona del sur de Marruecos.

Valle del Dadès

El Valle del Dadès es uno de los tramos más espectaculares de toda la ruta. Aquí el paisaje se vuelve más abrupto y aparecen algunas de las carreteras más fotogénicas del sur de Marruecos, con curvas imposibles, miradores y formaciones rocosas que hacen que apetezca parar una y otra vez. Una de las imágenes más famosas es la de la carretera serpenteante que sube por el valle, pero merece la pena dedicarle algo más de tiempo y no quedarse solo con la foto típica. Las gargantas, los pequeños pueblos, los miradores naturales y los tonos rojizos de las montañas hacen que este tramo sea uno de los más bonitos del viaje.

Gargantas del Todra

Más al este, las Gargantas del Todra impresionan por sus paredes verticales, que en algunos puntos alcanzan hasta 300 metros. El paisaje cambia de golpe al entrar en el cañón: la carretera se estrecha, la roca se levanta a ambos lados y la luz crea un contraste muy bonito con el agua y las palmeras cercanas.

Nos parece una parada muy agradecida porque no hace falta complicarse demasiado para disfrutarla. Con un paseo tranquilo por el interior de la garganta ya puedes hacerte una idea de la fuerza del lugar. Si además te gusta caminar o escalar, esta zona puede dar mucho más de sí.

Desierto de Merzouga y dunas de Erg Chebbi

Aunque Merzouga no forma parte estricta de la Ruta de las Mil Kasbahs más clásica, para nosotros fue el desvío que más cambió el viaje. Llegar hasta las dunas de Erg Chebbi añade una parte más abierta, silenciosa y desértica que contrasta muchísimo con los valles, gargantas y kasbahs del recorrido. Pasar una noche en una jaima, ver el atardecer sobre las dunas y despertarte en pleno desierto es una experiencia muy diferente al resto de la ruta. No lo incluiríamos si vas muy justo de días, pero si puedes alargar el viaje, Merzouga merece mucho la pena.

¿Hacer la Ruta de las Mil Kasbahs por libre o con excursión?

La Ruta de las Mil Kasbahs se puede hacer de varias formas, pero para nosotros hay una opción que destaca claramente sobre las demás: recorrerla por libre en coche.

Es una ruta pensada para disfrutar del camino, no solo de los puntos marcados en el mapa. Y ahí está precisamente gran parte de su encanto: poder parar en un mirador que no tenías previsto, alargar una comida con vistas, desviarte hacia un valle o cambiar el ritmo sobre la marcha forma parte de la experiencia.

Hacer la ruta por libre

Si te gusta viajar a tu aire, esta es la opción que más sentido tiene. Hacer la Ruta de las Mil Kasbahs por libre te permite adaptar el recorrido a tus días, tus paradas y tu forma de viajar, sin depender de horarios cerrados ni de un itinerario demasiado rígido.

  • Te da libertad para adaptar cada etapa a los días que tengas.
  • Puedes parar donde realmente te apetezca, sin prisas ni horarios cerrados.
  • Te permite disfrutar mucho más de los paisajes, pueblos y pequeños desvíos.
  • Es, para nosotros, la forma más especial de vivir esta ruta.

Si decides hacerla por libre, lo más práctico es comparar precios y reservar el coche con antelación, sobre todo si viajas en temporada alta o quieres recogerlo en Marrakech, Fez u Ouarzazate.

Hacer una excursión o actividad organizada

También puedes hacer parte de la Ruta de las Mil Kasbahs con una excursión o actividad organizada. Puede ser una buena alternativa si no quieres conducir por Marruecos, si tienes pocos días o si prefieres añadir solo una experiencia puntual, como una noche en el desierto o una excursión desde Marrakech hacia Ouarzazate y Aït Ben Haddou.

  • Es una opción más cómoda si no te apetece organizarlo todo por tu cuenta.
  • Puede encajar bien si tienes pocos días y quieres ver algunos lugares clave.
  • Puede servir como complemento si no vas a hacer toda la ruta por libre.
  • Te evita preocuparte por la conducción, los tiempos y la logística.

Aun así, si nos preguntas a nosotros, elegiríamos hacerla por libre. No solo por comodidad, sino porque en una ruta como esta lo mejor muchas veces no está en el destino final, sino en todo lo que vas encontrando por el camino.

Nuestra Ruta de las Mil Kasbahs en 6 días

Esta es la ruta que hicimos nosotros y la que te proponemos si tienes unos 6 días para recorrer esta zona de Marruecos.

Día 1: Ouarzazate y camino hacia el valle del Dadès

Llegada a Ouarzazate, recogida del coche de alquiler y primeras visitas en la ciudad antes de empezar la ruta. Después, pusimos rumbo hacia el valle del Dadès.

Noche en: Kasbah Ait BenHadda

Día 2: Valle del Dadès, Gargantas del Todra y Merzouga

Uno de los días más completos de la ruta, con parada en los dedos de mono, subida por la carretera en zigzag del Dadès y visita a las Gargantas del Todra antes de llegar al desierto.

Noche en: Erg Chebbi Dunes Desert Camp

Día 3: Merzouga y desierto de Erg Chebbi

Día dedicado al desierto de Erg Chebbi, con excursión en 4×4, visita a Khamlia, minas de Mifis, oasis de Hassilabied y segundo atardecer entre dunas.

Noche en: Erg Chebbi Dunes Desert Camp

Día 4: Merzouga, Nkob y Zagora

Salida del desierto y ruta por paisajes cada vez más áridos en dirección a Zagora, con posibles paradas en pueblos como Tazzarine o Nkob.

Noche en: Paradis Touareg

Día 5: Zagora, Tizi n’Tinififft y Aït Ben Haddou

Regreso hacia la zona de Ouarzazate cruzando el puerto de Tizi n’Tinififft y parada en Aït Ben Haddou, una de las visitas más importantes de la ruta.

Noche en: Maison d’Hôtes Irocha

Día 6: Alto Atlas y regreso a Ouarzazate

Última jornada por la zona del Alto Atlas antes de volver a Ouarzazate para cerrar la ruta y coger el vuelo de regreso.

Mapa de nuestra Ruta de las Mil Kasbahs

Os dejamos el mapa de nuestra Ruta de las Mil Kasbahs, con las paradas principales, gasolineras y cajeros que nos ayudaron a organizar el recorrido. Así podéis visualizar mejor la ruta y adaptar las etapas a vuestro viaje.

Itinerario de la Ruta de las Mil Kasbahs

Viajamos a Marruecos a principios de junio, en temporada baja, cuando el calor ya empieza a notarse bastante, sobre todo en las zonas más cercanas al desierto. Aun así, nos pareció un momento muy especial para hacer esta ruta: había pocos turistas, los paisajes estaban preciosos y pudimos disfrutar del viaje con mucha tranquilidad.

A continuación te contamos nuestro itinerario por la Ruta de las Mil Kasbahs día a día, con las paradas principales, los trayectos y los lugares donde hicimos noche durante el viaje.

Día 1: Llegada a Ouarzazate y primera toma de contacto

Nuestro viaje comenzó en Ouarzazate, conocida como la puerta del desierto. Recogimos el coche de alquiler en el aeropuerto y, nada más salir, empezamos a notar ese cambio de ritmo tan propio del sur de Marruecos: calles polvorientas, construcciones de adobe, palmeras, calor seco y un ambiente mucho más pausado.

Aprovechamos el día para visitar algunos de los lugares más conocidos de la ciudad. Uno de los que más nos gustó fue la Kasbah de Taourirt, una antigua fortaleza de adobe que ayuda a entender muy bien la arquitectura tradicional de esta zona. Por fuera ya llama la atención, pero lo mejor está dentro: patios, pasillos estrechos, escaleras y salas que conservan parte de ese aire de otra época.

También visitamos los Atlas Studios, una de las paradas más curiosas de Ouarzazate. Aunque no seas especialmente fan del cine, resulta interesante ver cómo en medio de un paisaje tan árido aparecen decorados de películas y series conocidas. Es una visita entretenida y diferente, perfecta para completar esta primera jornada sin alejarse demasiado.

Foto en el trono de cleopatra, la pelicula, en los Atlas Studios en Ouarzazate en Marruecos

Otra opción interesante en Ouarzazate es el Museo del Cine, aunque en nuestro caso no nos dio tiempo a visitarlo porque preferimos centrarnos en los estudios y seguir avanzando en la ruta.

Después de este primer contacto con Ouarzazate, empezamos a adentrarnos en el interior. Poco a poco dejamos atrás la ciudad y el paisaje fue cambiando hacia un entorno más tranquilo, con valles, palmerales y pueblos de adobe.

Esa noche dormimos en Kasbah Ait BenHadda, de camino hacia las Gargantas del Dadès. Fue una primera noche tranquila, ideal para empezar a entrar en el ritmo del viaje.

Día 2: Gargantas del Dadès, Todra y llegada al desierto

Empezamos el día con un desayuno típico marroquí: panes recién hechos, miel y mermeladas caseras. Después pusimos rumbo al Valle del Dadès, una de las zonas más bonitas de esta parte de la ruta.

Antes de llegar a la garganta, hicimos una parada en las formaciones rocosas conocidas como los dedos de mono. Son rocas redondeadas y muy erosionadas, alineadas unas junto a otras, que llaman la atención nada más aparecer junto a la carretera. Es una parada breve, pero merece la pena bajar del coche, hacer alguna foto y observar con calma el paisaje.

Seguimos avanzando entre montañas y pequeños pueblos bereberes hasta adentrarnos en las Gargantas del Dadès. A medida que la carretera gana altura, el valle se va abriendo y la ruta se vuelve cada vez más escénica, hasta llegar a la famosa carretera en zigzag. Nosotros subimos hasta el mirador de Tisdrine, una de las paradas que más recomendamos en esta etapa.

Después continuamos hacia las Gargantas del Todra, otro de los puntos fuertes del día. El paisaje cambia de nuevo: el cañón se estrecha, las paredes de roca se levantan a ambos lados y la luz entra de una forma muy especial entre la piedra y el agua. Aunque es una zona bastante visitada, sigue impresionando mucho. Como íbamos en coche, aprovechamos para seguir un poco más allá de la parte más concurrida y disfrutar del entorno con más tranquilidad.

Más tarde hicimos una parada en el Palmeral de Todra, un oasis que contrasta por completo con el paisaje árido de los kilómetros anteriores. Después de tanta roca y tonos rojizos, encontrarse con palmeras, huertos y pequeños pueblos cambia bastante la sensación del viaje y ayuda a entender la importancia del agua en esta zona.

Desde allí seguimos rumbo a Merzouga. A medida que avanzábamos, el paisaje se iba volviendo más abierto y desértico. Llegamos al punto de encuentro en el pueblo, donde nos esperaba el 4×4 que nos llevaría hasta el campamento. Ese último tramo ya forma parte de la experiencia: la carretera desaparece, empiezan las dunas y el viaje cambia completamente de ritmo.

Aquella noche dormimos en una jaima bereber en pleno desierto. Cenamos un tajín de cordero, compartimos un rato junto al fuego con música de tambores y canciones bereberes, y terminamos la noche mirando el cielo en silencio. Pudimos ver incluso la Vía Láctea, algo que hizo que esta primera noche en Erg Chebbi fuese uno de los recuerdos más especiales del viaje.

Foto de la carretera carretera serpenteante en el Valle de Dades en Marruecos
Foto de la impresionante garganta del Todra en Marruecos
Foto de las rocas llamadas Monkey fingers en el Valle de Dades

Día 3: Desierto de Erg Chebbi y dunas de Merzouga

Pasar el día en el desierto en junio no es ninguna broma. Las temperaturas eran muy altas y, a pleno sol, llegamos a superar los 40 grados, así que quedarnos en el campamento durante las horas centrales no era la mejor opción. Por eso decidimos hacer una excursión en 4×4 por el desierto de Erg Chebbi, que acabó siendo una de las experiencias más completas de esta parte del viaje.

La primera parada fue Khamlia, un pequeño pueblo situado a las puertas del desierto, conocido sobre todo por su música gnawa, una tradición con raíces africanas muy presente en esta zona. Allí nos recibieron con té y nos enseñaron parte de su cultura a través de la música, la danza y la percusión.

Aunque nos pareció interesante, también es verdad que nos dejó sensaciones encontradas. La música y los instrumentos son auténticos, pero la visita estaba bastante orientada al turismo, así que no terminamos de conectar del todo con el momento.

Después seguimos hacia las antiguas minas de Mifis, un lugar árido, solitario y con una historia curiosa. Durante la época colonial fueron explotadas por los franceses para extraer plomo, y hoy todavía queda un paisaje marcado por esa actividad, con una sensación de abandono que contrasta mucho con la inmensidad del desierto.

A partir de ahí llegó una de las partes más divertidas del día. El conductor dejó atrás las pistas más marcadas, bajó la presión de las ruedas del 4×4 y se adentró en las dunas. Recorrer Erg Chebbi así, subiendo y bajando entre montañas de arena, fue una forma muy distinta de vivir el desierto.

Durante la excursión también pasamos por el oasis de Hassilabied, un rincón que sorprende mucho después de varias horas entre arena y paisaje seco. Además, compartimos un rato con familias nómadas, que nos enseñaron parte de su día a día y de una forma de vida muy ligada al desierto.

A la hora de comer volvimos a la zona de Merzouga, donde pasamos las horas más calurosas del día en un hotel con piscina. Fue casi una necesidad más que un capricho: a esas horas, el calor en las jaimas y en el propio desierto era demasiado intenso. Descansar, refrescarnos y bajar el ritmo nos vino genial antes de volver al campamento por la tarde.

Ya al final del día, regresamos a las dunas para ver el atardecer. Tuvimos tiempo de caminar por la arena, deslizarnos por algunas dunas, subir a los puntos más altos y ver cómo el sol iba bajando hasta dejar paso a un cielo completamente estrellado.

Fue un día intenso, con aventura, calor, paisajes muy potentes y momentos de calma. Si incluyes Merzouga en la Ruta de las Mil Kasbahs, dedicar un día completo al desierto permite disfrutarlo mucho más que llegar, dormir y marcharte al día siguiente.

Foto de las dunas infinitas del desierto de erg Chebbi en Marruecos
Musica tradicional campamento Erg Chebbi
Ruta por el desierto de Erg Chebbi en 4x4, Marruecos

Día 4: De Merzouga a Zagora

Después de dos noches en el desierto de Merzouga, dejamos atrás las dunas de Erg Chebbi y pusimos rumbo a Zagora. Sobre el mapa era una etapa larga, de unos 275 km, pero el trayecto se nos hizo más llevadero de lo esperado porque el paisaje fue cambiando constantemente.

Al salir de Merzouga, las grandes dunas van quedando atrás y aparece una parte del sur de Marruecos mucho más árida, abierta y silenciosa. No tiene el impacto visual de Erg Chebbi, pero sí una belleza más sobria, de carreteras largas, pueblos pequeños y montañas secas en el horizonte.

Por el camino puedes hacer alguna parada en pueblos como Tazzarine o Nkob. Este último nos pareció especialmente interesante por sus kasbahs, sus palmeras y ese ambiente tranquilo de pueblo del sur, muy distinto al movimiento turístico de Merzouga.

La llegada a Zagora marca otro cambio de ritmo. Después de varios días entre gargantas, oasis y dunas, la ciudad nos devolvió a un ambiente más urbano, con mercados, tráfico y más vida en la calle. Aquí el desierto ya no es de grandes dunas, sino más pedregoso, seco y abierto.

Fue un día más de carretera que de grandes visitas, pero nos ayudó a entender mejor la variedad de paisajes que forman esta ruta por el sur de Marruecos. Esa noche dormimos en el Paradis Touareg.

Carretera a Zagora con paisajes áridos de Marruecos
Carretera por el árido desierto de Marruecos dirección Zagora
Carretera por el desierto árido de Marruecos dirección Zagora

Día 5: Tizi n’Tinififft y Aït Ben Haddou

Desde Zagora emprendimos el camino de regreso hacia la zona de Ouarzazate. Una de las partes más bonitas del trayecto fue cruzar el puerto de Tizi n’Tinififft, situado a casi 1.700 metros de altitud. Es un paso de montaña menos conocido que el Tizi n’Tichka, pero a nosotros nos pareció uno de los tramos de carretera más bonitos de la ruta.

En esta etapa el entorno cambia por completo. Dejamos atrás los paisajes secos y abiertos de los días anteriores para entrar en una zona de montañas áridas, curvas, miradores improvisados y carreteras que avanzan entre tonos ocres y rojizos.

Este tramo se disfruta mucho más si haces la Ruta de las Mil Kasbahs por libre, porque puedes parar en los miradores, hacer fotos y tomarte el camino con calma. Para nosotros no fue solo un desplazamiento entre dos puntos, sino una parte importante del viaje.

De camino hicimos una parada imprescindible en Aït Ben Haddou, uno de los lugares más emblemáticos de Marruecos. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este ksar de adobe impresiona incluso antes de cruzar la entrada, con sus construcciones rojizas levantándose frente al paisaje.

Recorrer sus callejuelas, subir entre casas de barro y llegar hasta la parte alta fue una de las visitas que más disfrutamos de toda la ruta. Es un lugar conocido y turístico, sí, pero sigue teniendo una fuerza visual enorme, sobre todo si llegas con buena luz.

Además de su valor histórico y cultural, Aït Ben Haddou ha aparecido en películas y series como Gladiator, Lawrence de Arabia, La Momia o Juego de Tronos, así que es muy posible que al llegar te resulte familiar incluso antes de haber estado allí.

Después de la visita, decidimos dormir a los pies del Atlas, en el Maison d’Hôtes Irocha. Después de varios días de calor intenso en el desierto, agradecimos mucho el frescor de la tarde y una noche tranquila antes de terminar la ruta.

Foto de Tizi n'Tinififft en Marruecos
Ksar de Aït Ben Haddou, una de las paradas imprescindibles de la Ruta de las Mil Kasbahs en Marruecos

Día 6: Alto Atlas y regreso a Ouarzazate

El último día lo dedicamos a recorrer la zona del Alto Atlas antes de volver a Ouarzazate para coger el vuelo de regreso. Fue una jornada más tranquila, perfecta para cerrar la ruta sin prisas y disfrutar de los últimos paisajes de montaña.

Durante el trayecto pasamos por la zona del puerto de Tizi n’Tichka, una de las carreteras de montaña más conocidas de Marruecos. Este paso conecta Marrakech con Ouarzazate a través de la carretera N9 y supera los 2.200 metros de altitud, así que el paisaje cambia mucho a medida que la carretera gana altura.

Es un tramo de curvas, pueblos de montaña, miradores y paisajes muy distintos a los del desierto. Después de varios días entre kasbahs, gargantas, oasis y dunas, terminar la ruta entre montañas nos pareció una forma muy bonita de ver otra cara del sur de Marruecos.

Si haces este tramo, conviene no ir con el tiempo demasiado justo. La carretera es bonita, pero también lenta, y entre curvas, camiones, obras o paradas para hacer fotos, el trayecto puede alargarse más de lo que parece sobre el mapa.

Finalmente regresamos a Ouarzazate, donde pusimos punto final a una ruta muy completa por el sur de Marruecos. Fueron seis días de carretera, paisajes cambiantes y paradas muy diferentes entre sí: kasbahs de adobe, palmerales, gargantas, desierto y montañas.

Para una ruta como esta, con varios días de carretera, zonas de montaña y trayectos por el desierto, nosotros recomendamos viajar con seguro de viaje. No es algo en lo que apetezca pensar antes de un viaje, pero da mucha tranquilidad si surge cualquier imprevisto.

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Dónde dormir en la Ruta de las Mil Kasbahs

Elegir bien dónde dormir marca mucho la experiencia en esta ruta. Las distancias pueden hacerse largas, así que lo ideal es repartir las noches entre valle, desierto y zona de montaña para no pasar todo el día en carretera.

En nuestro caso combinamos alojamientos sencillos con encanto, una noche en el desierto y una última parada más tranquila cerca del Atlas. Estas fueron las zonas donde dormimos durante la Ruta de las Mil Kasbahs:

Valle del Dadès

Buena zona para la primera noche de ruta, especialmente si vienes desde Ouarzazate y quieres avanzar hacia las gargantas sin hacer una etapa demasiado larga.

Ver Kasbah Ait BenHadda

Merzouga

La mejor zona para vivir la experiencia del desierto de Erg Chebbi. Si puedes, dedicar dos noches aquí ayuda a disfrutar las dunas con más calma.

Ver Erg Chebbi Dunes Desert Camp

Zagora

Una parada práctica para dividir el trayecto de regreso desde el desierto y no hacer demasiadas horas de coche en una sola jornada.

Ver Paradis Touareg

Atlas / Aït Ben Haddou

Una zona muy buena para cerrar la ruta con más tranquilidad, cerca de Aït Ben Haddou y del regreso hacia Ouarzazate.

Ver Maison d’Hôtes Irocha

Si estás organizando la ruta por tu cuenta, te recomendamos reservar con algo de antelación, sobre todo la noche en el desierto y los alojamientos con mejores vistas o ubicación.

Consejos para planificar tu Ruta de las Mil Kasbahs

Si estás organizando la Ruta de las Mil Kasbahs, conviene tener claros algunos detalles antes de salir: el coche de alquiler, los tiempos reales de conducción, el estado de algunas carreteras, dónde dormir y qué llevar para los tramos de desierto y montaña.

Es una ruta fácil de disfrutar por libre, pero no conviene improvisarla del todo. Las distancias pueden hacerse largas, hay zonas con menos servicios y algunas etapas se disfrutan mucho más si dejas margen para parar sin prisas.

  • Duración y ritmo: recomendamos dedicar al menos 6 días. Con 7 u 8 días puedes añadir Marrakech, una noche extra en el desierto o alguna parada más sin ir tan justo.
  • Mejor época: primavera, de marzo a mayo, y otoño, de septiembre a noviembre. En verano el calor puede ser muy intenso, y en invierno las noches son frías, sobre todo en zonas altas y en el desierto.
  • Etapas clave: Ouarzazate, valle del Dadès, Gargantas del Todra, Merzouga, Zagora, Aït Ben Haddou y el paso por el Alto Atlas son algunas de las paradas más representativas.
  • Alquilar coche: para nosotros es la mejor forma de hacer esta ruta, porque te permite parar en miradores, adaptar el ritmo y llegar a zonas donde las excursiones organizadas no siempre se detienen.
  • Conducción y controles: respeta los límites de velocidad, evita conducir de noche y lleva siempre a mano la documentación del coche y del alquiler. Aquí te contamos más sobre cómo conducir por Marruecos.
  • Gasolina y efectivo: no apures demasiado el depósito y lleva siempre algo de efectivo, porque en pueblos pequeños, alojamientos sencillos o paradas de carretera no siempre podrás pagar con tarjeta.
Consejo SomTravelers: no cargues demasiado cada día. En esta ruta hay muchos tramos de carretera, miradores y pueblos pequeños, y merece la pena dejar margen para parar, comer con calma o cambiar un poco el plan sobre la marcha.

Preguntas frecuentes sobre la Ruta de las Mil Kasbahs

¿Cuántos días se necesitan para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs?

Para nosotros, lo ideal es dedicar al menos 6 días a la Ruta de las Mil Kasbahs. Con este tiempo puedes disfrutar del recorrido con más calma y encajar bien lugares como el valle del Dadès, las Gargantas del Todra, Merzouga, Zagora y Aït Ben Haddou.

Con 4 días también se puede hacer una versión más corta, pero irás bastante justo y muchas paradas serán rápidas. Si tienes 7 u 8 días, podrás añadir Marrakech, el Valle de las Rosas o alguna noche extra en el desierto.

¿Dónde empieza la Ruta de las Mil Kasbahs: Marrakech u Ouarzazate?

Nosotros recomendamos empezar en Ouarzazate si tienes pocos días, porque te ahorras muchas horas de carretera y puedes meterte de lleno en la ruta desde el principio.

Si dispones de más tiempo, empezar en Marrakech también puede tener mucho sentido. En ese caso cruzarás el puerto de Tizi n’Tichka, podrás hacer parada en Aït Ben Haddou y añadirás un contraste muy bonito entre la ciudad y el sur de Marruecos.

¿Se puede hacer la Ruta de las Mil Kasbahs por libre?

Sí, la Ruta de las Mil Kasbahs se puede hacer por libre y, para nosotros, es la mejor forma de recorrerla. Alquilar coche te permite adaptar los tiempos, parar en miradores, visitar kasbahs menos conocidas y moverte con más libertad entre valles, gargantas y pueblos.

Eso sí, conviene planificar bien las etapas, evitar conducir de noche y tener en cuenta que algunos trayectos pueden hacerse largos por las curvas, las obras o el tráfico.

¿Hace falta 4x4 o se puede hacer con coche normal?

La ruta principal se puede hacer perfectamente con coche normal, ya que las carreteras más importantes están asfaltadas.

El 4x4 solo lo vemos necesario para pistas secundarias o para excursiones dentro del desierto. En el caso de las jaimas de Merzouga, lo habitual es que el campamento incluya el traslado en 4x4 desde el punto de encuentro.

¿Cuál es la mejor época para recorrer la Ruta de las Mil Kasbahs?

La mejor época para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs es primavera, de marzo a mayo, y otoño, de septiembre a noviembre, cuando las temperaturas son más agradables.

Nosotros fuimos a principios de junio y al mediodía el calor ya era muy intenso, sobre todo en el desierto, donde llegamos a rozar los 40 grados. En invierno también se puede hacer, pero las noches son frías, especialmente en zonas altas y en Merzouga.

¿Qué ver en la Ruta de las Mil Kasbahs?

Entre los lugares imprescindibles de la Ruta de las Mil Kasbahs están Aït Ben Haddou, la Kasbah Taourirt, Skoura, el valle del Dadès, las Gargantas del Todra y, si puedes alargar la ruta, el desierto de Merzouga.

Lo más bonito de este viaje es la variedad de paisajes: kasbahs de adobe, palmerales, gargantas, puertos de montaña, pueblos bereberes y desierto en una misma ruta.

¿Merzouga o Zagora: qué desierto merece más la pena?

Si tienes tiempo, nosotros incluiríamos Merzouga, porque las dunas de Erg Chebbi ofrecen una experiencia mucho más espectacular y completa.

Zagora puede ser una buena alternativa si quieres acortar trayectos o no dispones de tantos días, pero si buscas dormir entre dunas, ver el atardecer y pasar una noche en jaima, Merzouga merece más la pena.

¿Es seguro conducir por la Ruta de las Mil Kasbahs?

Sí, nos parece una ruta segura para hacer por libre, siempre que conduzcas con prudencia. Nuestra recomendación es evitar conducir de noche, respetar los límites de velocidad y llevar siempre a mano la documentación del coche y del alquiler.

También es buena idea no apurar demasiado el depósito y aprovechar para repostar cuando pases por localidades más grandes.

¿Dónde dormir durante la Ruta de las Mil Kasbahs?

Para nosotros, la mejor combinación es mezclar alojamientos en zonas de valle o montaña con al menos una noche en jaima en Merzouga.

Si puedes, incluso te recomendaríamos hacer dos noches en el desierto, porque así se disfruta mucho más la experiencia y no tienes la sensación de llegar, dormir y marcharte al día siguiente.

Conclusión: ¿merece la pena hacer la Ruta de las Mil Kasbahs?

Para nosotros, sí merece mucho la pena hacer la Ruta de las Mil Kasbahs, sobre todo si te apetece descubrir una zona de Marruecos con paisajes muy variados y viajar con cierta libertad. En pocos días pasas de kasbahs de adobe a gargantas, palmerales, pueblos del sur, carreteras de montaña y, si alargas la ruta, también al desierto de Merzouga.

Es una ruta que se disfruta especialmente por libre en coche, porque buena parte del viaje está en el camino: parar en un mirador, cambiar el ritmo, desviarte hacia un valle o simplemente avanzar sin depender de horarios cerrados. Por eso creemos que no es una ruta para ir con demasiadas prisas.

Con 6 días puedes hacer un itinerario bastante completo por lugares como Ouarzazate, Dadès, Todra, Merzouga, Zagora, Aït Ben Haddou y el Alto Atlas. Si tienes algún día extra, puedes añadir Marrakech, el Valle de las Rosas o una noche más en el desierto para vivir el viaje con más calma.

Si estás preparando tu propia ruta, lo más importante es planificar bien las etapas, reservar el coche con antelación, elegir alojamientos bien situados y dejar margen para los trayectos largos. Justo debajo te dejamos los recursos que usamos nosotros para organizar el viaje por libre.

Organiza tu Ruta de las Mil Kasbahs

Para preparar una ruta por el sur de Marruecos por libre, estos son los recursos que usamos o recomendamos revisar antes del viaje: coche, alojamientos, seguro, conexión móvil y actividades.

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