La primera vez que nos lanzamos a hacer vivac lo hicimos con más ilusión que experiencia. Nos atraía la idea de dormir bajo las estrellas, sentirnos parte del paisaje y vivir la montaña sin filtros. Sonaba idílico, y en cierto modo lo fue… hasta que la realidad nos dio una pequeña lección.
Llevábamos lo justo: una tienda, un saco de dormir, algo de comida y un frontal. Pero nos olvidamos de algo tan simple como mirar la previsión del tiempo. Esa noche, en mitad de la montaña, el cielo cambió de color en cuestión de minutos. Lo que era un atardecer tranquilo se convirtió en un escenario eléctrico. Los truenos retumbaban entre los valles y el viento empezó a golpear la tienda que habíamos montado. Apenas nos dio tiempo de asegurar las piquetas de la tienda cuando empezaron a caer las primeras gotas.
Nos libramos de empaparnos de milagro, pero aprendimos algo mucho más importante: la naturaleza tiene sus propias reglas, y si decides pasar la noche en ella, más vale respetarlas.
Esa noche fue nuestro primer recordatorio de que la naturaleza no se controla, se respeta. Y también fue el inicio de algo más grande: entender que el vivac no se trata solo de dormir al aire libre, sino de aprender a hacerlo.

Desde entonces, cada salida ha sido un pequeño laboratorio. Vamos sumando aciertos y errores, probando materiales, afinando el equipo y descubriendo que cada detalle cuenta.
Aprendimos que un buen saco de dormir puede ser la diferencia entre descansar o pasar la noche contando estrellas para no pensar en el frío. Que una esterilla aislante no es un lujo, sino una barrera entre tú y la humedad del suelo.
Que una linterna frontal puede parecer un accesorio… hasta que la oscuridad es total.
No somos expertos —ni pretendemos serlo—.
Somos personas que aprenden con cada salida, que se equivocan, ajustan y vuelven a intentarlo. Y en ese proceso, hemos ido construyendo algo muy nuestro: una checklist práctica, sencilla y real, fruto de la experiencia y de la ilusión por seguir mejorando.

Porque hacer vivac no va de tener el mejor equipo, sino de aprender a usarlo.
Va de prepararse con cabeza, viajar ligero, y aceptar que a veces la montaña enseña más que cualquier manual.
Por eso, aquí compartimos nuestra checklist definitiva para hacer vivac: no como una lista cerrada, sino como una base sobre la que seguir aprendiendo juntos.
Incluye lo esencial —lo que de verdad hemos probado y funciona—, con algunos enlaces por si quieres equiparte sin complicarte.
Si estás empezando, esta lista te ahorrará errores.
Si ya llevas un tiempo, quizá te recuerde que siempre hay algo nuevo que aprender.
Al final, eso es lo que más nos gusta de dormir bajo las estrellas: que cada vivac, por sencillo que sea, te enseña algo nuevo sobre la naturaleza… y sobre ti.
Checklist definitiva
Descanso y abrigo
Saco de dormir (adecuado a la estación)
Esterilla aislante o colchoneta ligera
Manta térmica de emergencia
Tarp o lona impermeable (opcional, para viento o lluvia)
Iluminación y orientaciófn
Linterna frontal
Pilas/baterías de repuesto
Mapa o GPS offline
Brújula (si haces rutas de montaña)
Cocina y agua
Hornillo compacto + cartucho de gas
Mechero o pedernal y cerillas impermeables
Olla pequeña o taza metálica multiusos
Botella filtrante o pastillas potabilizadoras
Comida ligera y energética (frutos secos, barritas, deshidratados, liofilizados)
Herramientas y seguridad
Navaja multiusos
Kit de primeros auxilios
Silbato de emergencia
Protector solar
Repelente de insectos
Ropa y protección
Ropa técnica adecuada a la temperatura (capas)
Chubasquero o cortavientos
Gorro, guantes y buff (si es zona fría)
Calzado cómodo y resistente
Extra que marca la diferencia
Comunicador por satélite (para los más aventureros)
Libreta o diario de viaje
Cámara de fotos , cámara de acción o dron
Cuerda ligera / paracord
Bolsas estancas para proteger del agua
Snacks de “premio” para la noche o el desayuno
